Maladeta 2023

¡Tiembla Maladeta! Javier y yo hemos vuelto a por tí.

Traemos nuestras mejores armas, firme determinación, conocimiento de la zona, experiencia, buen material, razonable forma física y previsión de buen clima (día de cima soleado, viento no apreciable y sensación térmica de menos 12 grados).

Sabemos que tú cuentas con las tuyas, altura (3.308 metros), lejanía y nieve en malas condiciones. Sospechamos que además guardas alguna carta en la manga.

Salimos de Madrid el día 2-1-23. Comemos en Graus, Restaurante Lleida. Nos ha gustado. Volveremos.

Seguimos hasta Benasque y llegamos a buena hora. Nos dio tiempo a completar el material necesario (botas, ARVAs, palas, sondas, crampones, esquíes, pieles de foca, cuchillas y bastones), dar un paseo y cenar.

Por la mañana, al desayunar, nos encontramos en el hotel a Carlos y dos de sus hijos. Fue agradable el encuentro. Él siempre lo es. Ha venido a "quitarse el hipo" con el esquí en Cerler. Parece que no hay mucha nieve.

Cargamos el coche y subimos hasta el parking público de los Llanos del Hospital (1.780 metros). Descargamos el equipaje. Nos desalienta el peso que debemos subir en las mochilas. Por cierto, Javi no ha optado por el macuto más recomendable.


Desde el aparcamiento, para empezar, tenemos que andar con todo el equipo a cuestas unos 500 metros por la carretera.

Luego pudimos ponernos los esquís y comenzamos a subir foqueando por la pista de esquí de fondo.


El lugar es precioso. Por el camino vamos encontrando esquiadores de fondo y montañeros. Hay quienes llevan perros entrenados para carreras de trineos. Uno de ellos, Curro, es un bicho. Acostumbra a tirarse hacia todo el deportista que pasa.

Ya antes de llegar a la Besurta Javier tiene ampollas. Las botas de alquiler no siempre se adaptan al pie como conviene. Con unas tiritas (caducadas en 2012) salvamos el escollo.

Vemos por primera vez a nuestro adversario. 

Llegamos a la Besurta (1.920 metros).

Aquí comienza la aventura. El asunto es así, al menos según Wikilok

Descansamos un rato y seguimos subiendo. Primera caída.


No te vengas arriba Maladeta. Solo es un tropiezo. Javi se regodea de mi humillación y es generoso en fotos. Omito algunas, a ver si así se lesiona menos mi orgullo.

Los carteles indican que se tarda 50 minutos en llegar desde Besurta a Renclusa. Nos lleva algo más. Cosas del peso y de la caída. La cuesta se atraganta.

Por fin llegamos al refugio de la Renclusa (2.138 metros).

Se ven los picos de la Mina y Salvaguardia.

Saludamos al gato y al perro del refugio. Su grueso pelaje y pachorra no dejan de sorprender. Es obvio que está acostumbrados al mundo montañero y sus extrañas pintas.

Luego, unas cervezas, calzado más cómodo y registrarse en el Refugio. Hablamos con el guarda y le preguntamos qué tal está el camino a Maladeta. Nos remite a otros montañeros que lo han intentado ese día. Cuentan que abrieron huella hasta la mitad del corredor de la Rimaya. No consiguieron hacer cima. Volvieron esquiando. Habían disfrutado dos palas de la bajada, pero recomendaron quitarse los esquís al acercarse al refugio y a la zona de piedras.

Una pequeña siesta y cena a las 19 horas. Durante la cena charlamos con otros montañeros. La mesa es corrida. Mantel de papel con los nombres de los alojados escritos con rotulador.

El desayuno se sirve a las 7. Nosotros, necesitábamos madrugar más. Por eso, al terminar de cenar dijimos al cocinero que nos dejara preparado un termo con café y el desayuno a las 5.

Nos acostamos hacia las 20. Habitación para seis. WC compartido. Hubo tiempo para descansar (entre ronquidos generalizados).

Desayuno rápido. Bofetada de frío al asomar la cara al exterior. Nos pusimos botas, crampones y frontales.




Había gente aun más madrugadora. Se veían sus linternas camino del Portillón Superior.

La batalla había comenzado. Poco a poco fuimos ganando altura según amanecía.



Seguimos la huella abierta por un desaprensivo atleta el día anterior.

Tiró a capón. Sin miramiento alguno.

Tiene mucho mérito, pero es agotador usarla.







Nos adelantó un grupo con esquís. Dijeron que iban cómodos foqueando y decidimos imitarles.


A la altura del Portillón tomamos camino a Maladeta. 


Nos sorprendió lo rápido que nos acercábamos con los esquís al objetivo

Parecía que íbamos a ganar la partida. Teníamos tiempo suficiente.


La intensidad de la pendiente demostró nuestro error de apreciación.

¡Teníamos el corredor y la cima tan cerca!

Pero eran las 12, nuestra hora tope. Había que volver. Quitamos las focas.



Nos quedaba el consuelo de una bajada rápida y fácil. Se veían las marcas dejadas por los montañeros con los que habíamos hablado en el refugio. Solo había que seguirlas. Eran bien visibles.

Nuestra sorpresa llegó al tercer o cuarto giro. La nieve era profunda. La pendiente muy pronunciada. En ocasiones la huella se metía por cañones estrechos.

No había alternativa. Cambiamos nuestro mejor estilo por otro defensivo, en cuña o con deslizamientos laterales. Imposible tomar fotos o video.

Conseguimos bajar mucho desnivel. Se veía el refugio muy cerca. Pero no era fácil llegar. Todo trampas. Piedras ocultas o montoneras de nieve. Huellas de pies que dificultaban el tránsito.

Tras una caída suave y al ver el refugio próximo, optamos por caminar sin esquís. Nos hundíamos en la nieve a cada paso. Se hizo eterno el regreso. Recuerdo que, en un momento, al llegar a las huellas de bajada desde el Portillón, Javi exclamó alborozado "nieve firme". No había mejor manera de describir el alivio que suponía pisar en terreno sencillo.

Al llegar al refugio nos quitamos las botas y lo celebramos con una cerveza. No hicimos cima pero habíamos luchado como titanes.

Avisamos a casa de nuestros logros y emprendimos el descenso hacía la Besurta. Ahora sí nos resultó asumible y cumplimos el horario, 35 minutos, casi diría que de tranquilidad. Aunque con mucho peso.

En la Besurta descansamos un instante y emprendimos la vuelta por la carretera con crampones. Había trozos sin nieve. Al llegar a las pistas de fondo nos pusimos los esquís. Una vez más la montaña nos deparaba una sorpresa. Sorpresa habitual para quien andamos por los montes. Hay montañas que se suben a la ida y a la vuelta. Había que quitarse los esquís.

Se hizo de noche. Finalmente llegamos a las pistas de fondo y pudimos deslizarnos a placer. Pena que fueran solo los dos últimos kilómetros de la aventura.

Maladeta, Monte Maldito. Estamos empatados uno a uno.

No hay comentarios: